viernes, 7 de abril de 2017

Las muertes (in)visibles

Hace tres semanas, cuarenta y dos refugiados somalíes fueron atacados en la costa yemení cuando partían en busca de un futuro mejor. La comunidad internacional emitió un par de quejidos y luego el tema se perdió en el olvido. Otra vez.

Inaceptable. Esto es lo que todas las organizaciones internacionales repiten hoy en día. Estos comportamientos son intolerables. No solo atentan contra el Derecho Internacional, sino que además violan todos los códigos éticos posibles.

Todo el mundo lo sabe. Los políticos son conscientes de ello. La sociedad, también. No obstante, como hemos crecido siendo testigos de tremendas violaciones de Derechos Humanos- e incluso algunos las han experimentado en su propia piel- estos hechos ya no sorprenden a nadie. La comunidad internacional se ha acostumbrado a ello. “A veces pasan cosas malas” se ha convertido en el leitmotiv.  Algunos eventos son simplemente impredecibles; inevitables- o eso dicen. Porque… ¿lo son?

Bombardear un barco con refugiados a bordo no encaja en la categoría de eventos “desafortunados, inevitables o daños colaterales”. Atacar a civiles a plena vista es inexcusable. Incluso si nos quisiéramos centrar en un plano estrictamente legal, es inaceptable. Estas personas habían sido reconocidas como refugiadas oficialmente. De hecho, viajaban con la documentación de ACNUR. Más razón para demostrar que no hay excusa alguna.


En cualquier caso, dio igual quiénes eran o a dónde se dirigían. No se les quería allí y se puso una solución. Un remedio muy efectivo. Los perpetradores del ataque no solo consiguieron deshacerse de ellos con éxito, sino que además se han ido de rositas sin ningún tipo de represalia. Aunque no se sabe con exactitud la identidad del atacante, muchos indicios apuntan a Arabia Saudí. Nadie quiere indagar más… molestar al Rey del petróleo ya son palabras mayores.

No obstante, al final, lo que de verdad importa es el hecho de alguien fuerte y poderoso atacó a civiles indefensos. Esta historia no es nueva y parece que nunca va a pasar de moda. Yemen, Siria, Sudán, Myanmar, Bolivia, Ucrania. No distingue etnia, religión o continente: se aplica a todos por igual.

Hace tres semanas fue el turno de los somalíes en Yemen, pero mañana quizá les toque a los sirios en Grecia o a los marroquíes en España. Lo que está claro es que volverá a pasar una y otra vez hasta que hagamos algo para cambiarlo.

Inaceptable. La comunidad internacional se ha quejado, pero no lo suficientemente fuerte. Cuarenta y dos es un número demasiado fácil de olvidar. De hecho, no ha pasado ni un mes y ya nadie se acuerda de ellos. Los perpetradores del ataque son libres para arrebatar el derecho más fundamental: el derecho a la vida. Y, mientras tanto, la gente seguirá jugándose la vida para escapar del horror.


Porque este círculo vicioso se repetirá de nuevo mientras la comunidad internacional presencia en silencio cómo cada vez más gente se suma a esta lista: la de las muertes invisibles.

martes, 14 de marzo de 2017

Juicio a una zorra.

Carmen. 

Pocas mujeres han ejercido de musa tantas veces como ella. Pushkin, Merimée, Bizet. Todos rendidos a los pies de esta poderosa mujer. No es, por tanto, de extrañar que en pleno siglo XXI siga siendo fuente de inspiración. Pero no cualquier Carmen, no. No la Carmen protagonista de esa melodía que todos tendréis en la cabeza, esa tampoco. Carmen Machi. Una artista prolífica como pocas, brillante como ninguna. 

Esta vez fue Miguel del Arco (otro genio) el que se inspiró en ella para hacer la obra de "Juicio a una zorra". En ella, Machi da vida a Helena de Troya y le concede la oportunidad de que sea ELLA la que cuente su historia. Al fin, de una vez por todas, ella misma puede describir lo que pasó y será el público quien la juzgue, ya que la Historia ya dictó su sentencia hace mucho tiempo.

¿Fue en verdad una zorra como dicen? ¿Fue la más bella? ¿La más afortunada? ¿La más desdichada? ¿Borracha? ¿Lujuriosa? ¿Cauta? ¿Indecente? Y lo más importante... ¿quién lo determina? 

En este monólogo de 60 minutos, Carmen Machi llora, ríe, baila, bebe, grita... muestra la humanidad de Helena, una simple mujer cansada del juicio de la eternidad. Y lo hace como es ella, brillante, pero sencilla; divina, pero a la vez terrenal. Maravillosa como ella sola, demostrando que el teatro está más vivo que nunca.

Podría daros miles de motivos para ir a verla. Una obra feminista y en femenino. Con un director y una actriz encantadores (el debate que hubo al finalizar fue maravilloso) y con una trama sobre Helena que gira en torno a quién escribe la Historia, algo que nunca pasa de moda. Si esto no os convence, id solo por el hecho de experimentar la catarsis en estado puro. Porque Machi no solo te llega, sino que te agarra, te zarandea, te rompe los esquemas y te desarma. Y eso merece la pena vivirlo.

 

Para más información, entrad en la web de El Pavón Teatro Kamikaze: http://teatrokamikaze.com/