martes, 14 de marzo de 2017

Juicio a una zorra.

Carmen. 

Pocas mujeres han ejercido de musa tantas veces como ella. Pushkin, Merimée, Bizet. Todos rendidos a los pies de esta poderosa mujer. No es, por tanto, de extrañar que en pleno siglo XXI siga siendo fuente de inspiración. Pero no cualquier Carmen, no. No la Carmen protagonista de esa melodía que todos tendréis en la cabeza, esa tampoco. Carmen Machi. Una artista prolífica como pocas, brillante como ninguna. 

Esta vez fue Miguel del Arco (otro genio) el que se inspiró en ella para hacer la obra de "Juicio a una zorra". En ella, Machi da vida a Helena de Troya y le concede la oportunidad de que sea ELLA la que cuente su historia. Al fin, de una vez por todas, ella misma puede describir lo que pasó y será el público quien la juzgue, ya que la Historia ya dictó su sentencia hace mucho tiempo.

¿Fue en verdad una zorra como dicen? ¿Fue la más bella? ¿La más afortunada? ¿La más desdichada? ¿Borracha? ¿Lujuriosa? ¿Cauta? ¿Indecente? Y lo más importante... ¿quién lo determina? 

En este monólogo de 60 minutos, Carmen Machi llora, ríe, baila, bebe, grita... muestra la humanidad de Helena, una simple mujer cansada del juicio de la eternidad. Y lo hace como es ella, brillante, pero sencilla; divina, pero a la vez terrenal. Maravillosa como ella sola, demostrando que el teatro está más vivo que nunca.

Podría daros miles de motivos para ir a verla. Una obra feminista y en femenino. Con un director y una actriz encantadores (el debate que hubo al finalizar fue maravilloso) y con una trama sobre Helena que gira en torno a quién escribe la Historia, algo que nunca pasa de moda. Si esto no os convence, id solo por el hecho de experimentar la catarsis en estado puro. Porque Machi no solo te llega, sino que te agarra, te zarandea, te rompe los esquemas y te desarma. Y eso merece la pena vivirlo.

 

Para más información, entrad en la web de El Pavón Teatro Kamikaze: http://teatrokamikaze.com/

sábado, 4 de febrero de 2017

Jardiel, un escritor de ida y vuelta

Eloísa está debajo de un almendro es una de las obras más conocidas del madrileño Enrique Jardiel Poncela. Pero ¿qué fue de Eloísa? Nadie suele preocuparse por el después de los personajes de las obras. Nadie... salvo Ernesto Caballero. 

El director de Jardiel, un escritor de ida y vuelta comienza así la pieza teatral: Eloísa echándole en cara a Jardiel Poncela no haber sido la protagonista de ninguna obra. Está bien: aparece en el título de una... ¡pero ella quiere más! Así, ambos deciden convertirse en Leticia y Pepe y protagonizar Un marido de ida y vuelta.

Hilarante. Desde el minuto uno hasta el final, no puedes contener la risa. Un Jacobo Dicenta excepcional junto a una Lucía Quintana que no puede brillar más; ambos acompañados de un reparto inigualable, llevan a cabo una adaptación de la obra de Jardiel Poncela espectacular. 

La lámpara que se enciende sola. El mismo libro que vuelve a aparecer una y otra vez. ¡Qué romántico se ha vuelto Paco! Y Pepe por ahí, al acecho, sin descansar. El fiel mayordomo peleado con las luces. El médico que no hace ni un diagnóstico acertado...y otros tantos personajes entrañables y divertidos que hacen de esta comedia una de las mejores del siglo XX. 




Es curioso que Enrique Jardiel Poncela, al igual que otros muchos autores, falleciera sin tener el reconocimiento que se merecía. Seguro que él nunca pensó que su obra fuera a trascender de tal manera. Lo que está claro, es que esta adaptación de Ernesto Caballero es un ejemplo de la admiración que sus piezas suscitan todavía hoy. 

Decía este escritor sobre el teatro que «en esa especie de alféizar que es la batería, el público tiene que apoyarse para contemplar siempre un inusitado espectáculo; esta valla de luz debe ser la frontera que separe dos mundos no sólo diferentes, sino distintos, opuestos, antagónicos: ahí, en la penumbra, la vida cotidiana, los problemas domésticos, lo corriente, lo normal; aquí, mil juegos de luz, lo puramente imaginario, lo imposible, lo absurdo, lo fantástico; ahí la realidad; aquí el sueño; ahí lo natural; aquí lo inverosímil; ahí las preocupaciones, las pesadumbre, la tristeza repetida; aquí —como compensación divina ofrecida por el arte— la despreocupación, las alegrías, la risa renovada.»

Desde luego, con Jardiel, un escritor de ida y vuelta esa compensación divina ofrecida por el arte se consigue... ¡y con creces!


Esta obra está siendo representada en el Teatro María Guerrero hasta el 12 de febrero. Aquí os dejo el enlace con más información.